domingo, 15 de octubre de 2017

Un pez, dos peces, tres peces

Madrid es una ciudad muy grande y en ella hay muchísimas cosas interesantes. Pero... ¿qué le falta a Madrid? Nos lo dicen en este anuncio de una heladería del barrio de Lavapiés:


playa más cercana a 300 kilómetros
Calle Embajadores

Pues es verdad, pero no creas que Madrid no ha intentado, por imposible que parezca, tener acceso directo al mar. A lo largo de la historia, ha habido numerosos proyectos para comunicar Madrid con el mar: desde el siglo XVI al siglo XIX, se pusieron en marcha varios de ellos que intentaban comunicar nuestro pequeño río, el Manzanares, con el océano Atlántico, pero, por diferentes razones, ninguno se terminó. Así que nos quedamos sin playa, como en este pueblo de Segovia, donde un hotel se anuncia así (fíjate en lo que sí tienen, lo pone debajo):


no tenemos playa
Sepúlveda (Segovia)


Pues Madrid tampoco tiene playa (como dice una famosa canción de los años 80 del grupo Los Refrescos, Aquí no hay playa), pero sí tiene muchas referencias al mar: para empezar, tenemos una calle del Pez y otra de los Tres Peces (de estas dos calles te hablaré en dos entradas que voy a escribir, porque las dos son muy interesantes); también tenemos calle de los Pescadores y un paseo de la Virgen del Puerto; además, tenemos calles dedicadas a casi todos los mares del mundo: Océano Ártico, Mar Mediterráneo, Mar Adriático, Mar Báltico, Mar de Bering, etc.

Y, fíjate, en Madrid los peces incluso andan por las calles:


perdido pez
Calle Conde Duque

Supongo que era una broma, pero, si quieres asegurarte, puedes llamar por teléfono, jejeje.

Bueno, peces no hay muchos en el río Manzanares, pero lo que sí tenemos en Madrid es mucho pescado (como sabes, usamos la palabra pescado cuando hablamos de peces que hemos cogido del mar o de un río con el objetivo de comérnoslos).

Hay una leyenda urbana que dice que el mejor pescado de España se come en Madrid. La verdad es que no puedo decir si es verdad o no, pero lo que sí puedo decir es que, cuando viajo a la costa, para mí es mucho más fácil encontrar sitios donde comer buen pescado por un precio asequible. 

La tradición de comer mucho pescado es antigua en Madrid. ¿Y cómo es posible esto en una ciudad sin mar ni grandes ríos? Porque entre la costa del norte de España y Madrid está una región, la Maragatería (una zona de León muy interesante desde todos los puntos de vista), donde, por ser una tierra pobre, muchos hombres se especializaron en transportar alimentos. Y así llegaba el pescado a Madrid, transportado por los maragatos, que, en casos urgentes, podían entregarlo en cuatro días gracias a un servicio de correos a caballo.

Lo curioso es que todavía encontramos muchos recuerdos de esta historia en Madrid, aunque desde el siglo XIX, con la llegada del tren, los maragatos dejaron de transportar el pescado. Y es que muchos de ellos, en aquel momento, decidieron instalarse en Madrid y abrir aquí sus pescaderías. Así que se convirtieron en pescaderos (no en pescadores, que son los que cogen el pescado del mar). Algunas de esas pescaderías duran hasta hoy y otras tienen nombres que nos hablan de esta historia:



Y hablando de peces, pescaderías, pescadores, ¡veamos algunas expresiones y refranes que tienen relación con ellos! Para ver el significado, tienes que pinchar en los círculos.


Y me voy a despedir con un recuerdo ya bastante antiguo, una imagen que forma parte de una campaña para que la gente no consuma pescado no adulto, y que empezó en los años 80. Hay gente a la que le gusta el pescado muy pequeño y joven porque está más tierno, pero eso tiene consecuencias muy negativas para la existencia de las especies. Así que ya hace muchos años el Gobierno empezó una campaña para concienciar a los españoles de este problema:



Pequeñín es una forma diminutiva de pequeño. El juego de palabras se hace uniendo la palabra pez con la palabra pequeñines (pequeñín en plural). La frase se hizo tan popular que hoy hasta tiene una entrada en la Wikipedia.

Pues eso: si no eres vegetariano, come pescado, que es muy sano, pero ¡pezqueñines no, gracias! ¡Hasta pronto!





    domingo, 8 de octubre de 2017

    España, camisa blanca

    hablando se entiende la gente
    Plaza de Cibeles

    Seguro que en tu idioma hay algún refrán parecido a este, ¿verdad? ¡Es tan lógico! ¿Cómo podemos entendernos los seres humanos? Pues hablando. Cuando no tenemos un idioma común, nos resulta mucho más difícil. 

    Pero más difícil todavía es entenderse cuando no se quiere hablar, cuando el objetivo no es entenderse. Entonces, las palabras no solamente no ayudan sino que sirven para confundir, sirven para lanzarlas como armas, para engañar, para manipular a las personas. Quizá por eso, en la misma manifestación que la primera foto, otra persona llevaba esta pancarta:


    hablando se entiende la gente
    Plaza de Cibeles

    Estas últimas semanas, en toda España se han oído demasiadas palabras usadas como armas por muchos políticos, por muchos medios de comunicación y también por la gente en la calle. Eso no es hablar de verdad; hablar con otro es dialogar, charlar, conversar.

    Ayer, miles de personas vestidas de blanco y con carteles blancos se concentraron en muchísimos pueblos y ciudades de España para decir que...


    toca hablar
    Plaza de Cibeles

    Uno de los muchos sentidos del verbo tocar es 'ser el momento de hacer algo (normalmente, después de haber estado haciendo otra cosa)'. Lo usamos para referirnos a acciones; por ejemplo, si hemos tomado algo en un bar, antes de irnos toca pagar; si hemos disfrutado de unas largas vacaciones, después toca trabajar; y, como en España falta un verdadero diálogo político desde hace mucho tiempo, ahora toca hablar.


    ¿hablamos?
    Plaza de Cibeles

    hablemos parlem
    Plaza de Cibeles

    Lo dicen en varios idiomas (parlem es catalán; hablamos y hablemos, castellano o español) y en varios tiempos verbales: la palabra catalana parlem puede ser presente y puede ser imperativo, las dos de la forma nosotros/as; hablamos es presente de indicativo y hablemos es imperativo.

    Porque sí, en muchos idiomas existe imperativo para la primera persona del plural; a veces lo necesitamos cuando lo que pedimos, exigimos o demandamos con ese imperativo nos incluye. La forma en español, como ves, es la misma que en presente de subjuntivo. Pero hay alguna peculiaridad que voy a recordar con otra imagen:

    independicémonos del odio
    Plaza de Cibeles

    No sé si puedes distinguir bien que, a la derecha de los dos hombres que se besan -y que representan, de izquierda a derecha, a Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat de Catalunya, y a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España-, aparece, con letras de muchos colores, la palabra odio. Así que lo que proponen con esta pancarta es que nos independicemos del odio. En unos momentos en los que la palabra independencia está en boca de todos, es una bonita idea que, en primer lugar, todos nos liberemos del odio. Sí, sería una buena idea que los dos presidentes se vieran y no voy a pedir tanto como un beso, pero al menos que se dieran la mano.

    Fíjate ahora en la forma del verbo: independicémonos. Este verbo generalmente se usa en forma reflexiva, porque es una acción que se realiza voluntariamente sobre uno mismo. Por ejemplo, se usa mucho para hablar del momento en que los jóvenes se van de casa de sus padres; decimos que los jóvenes se independizan. Pues bien: con el imperativo, cuando necesitamos un pronombre (me, te, se, nos, etc.), lo usamos después del verbo, y en este caso, la forma nosotros/as, que sería independicemos, pierde su -s final. Y así, decimos vayámonos, casémonos, sentémonos, etc.

    Y ya que hablamos de conjugación de los verbos, tengo que poner otra imagen de esta misma manifestación:

    yo hablo tú gritas
    Plaza de Cibeles

    Me imagino que "tú" y "él" son Rajoy y Puigdemont, o al revés. 

    En fin, hay que hablar pero también hay que escuchar, porque si no no sirve de nada, pero, al menos los que estábamos en la manifestación de ayer...


    somos todo oídos
    Plaza de Cibeles

    Ser todo oídos significa 'estar dispuesto a escuchar'. Y hay que estar dispuestos cuando hablamos de situaciones tan graves, tan importantes como lo que está sucediendo ahora en España. No podemos hacer como hacen los niños que, cuando no les gusta lo que les dicen, repiten la frase Habla, cucurucho, que no te escucho. Un cucurucho es lo que puedes ver en la imagen de debajo. ¿Y por qué hablan de un cucurucho? Simplemente juegan con las palabras, porque cucurucho rima con escucho. Pero en esta pancarta han cambiado un poco esa frase tradicional:

    habla cucurucho
    Plaza de Cibeles

    Ayer estábamos en la plaza de la Cibeles muchos catalanes que viven en Madrid y muchos madrileños que amamos Cataluña:


    siempre serás parte de mi sagrada familia
    Plaza de Cibeles
    En el centro a la derecha, hay una representación muy esquemática de la Sagrada Familia, la famosa iglesia del famoso arquitecto catalán Antoni Gaudí. La conoces, ¿verdad?

    También había, como es normal en Madrid, gente de otras muchas partes de España, como esta sevillana que se siente unida a Cataluña porque tanto en Sevilla como en Barcelona pasaron cosas muy importantes en el año 1992:

    cobi y curro
    Plaza de Cibeles

    A la izquierda vemos la imagen de Curro, la mascota de la Exposición Universal celebrada en Sevilla, y a la derecha a Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona. En 1992, las dos ciudades se abrieron al mundo, mostraron lo mejor de este país y se transformaron.

    Finalmente, te quiero mostrar una pancarta con un mensaje importante:

    amar españa es amar a sus pueblos
    Plaza de Cibeles

    Algunos españoles piensan que amar España consiste en cantar su himno ('música oficial de un país', aunque en realidad el himno de España no se puede cantar porque no tiene letra) y llevar su bandera ('trozo de tela rectangular que, con sus colores o dibujos, representa a un país'). Pero amar un país es bastante más que eso, y en el caso de España, un país con una maravillosa y enorme diversidad -cultural, lingüística, paisajística-, implica, por supuesto, amar a todos los pueblos que la forman. No puedes decir que amas España si rechazas a millones de sus habitantes.

    Por eso, #hablemos#parlem. Porque, como dice otro refrán, dos no riñen si uno no quiere; o sea, que si al menos una de las dos partes mantiene la calma e intenta no reñir ('hacerse enemigos, dejar de relacionarse por alguna discusión o pelea'), la relación se mantendrá.

    ¡Ojalá en unos días España se convierta en una gran bandera blanca! Yo, de momento, llevaré mi camisa blanca, como en esta concentración.





    ¡Hasta pronto!